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¿Por qué las sandías pierden calidad durante las olas de calor extremas?

La sandía es un cultivo acostumbrado al calor. De hecho, es difícil imaginar una producción importante de sandía sin altas temperaturas.

Sin embargo, la campaña pasada dejó una situación que llamó la atención de productores y técnicos en varias zonas de oriente medio. A pesar de obtener frutos de buen tamaño y campos aparentemente bien desarrollados, una parte importante de la cosecha terminó siendo rechazada por problemas de calidad interna.

  • Al abrir las sandías aparecían síntomas muy similares:
  • Pulpa pálida o con zonas blanquecinas.
  • Falta de dulzor.
  • Cavidades internas.

  • Tejidos fibrosos.
  • Pocas semillas desarrolladas.
  • Color rojo irregular.

Muchos agricultores pensaron inicialmente que se trataba de un problema de maduración. Sin embargo, todo apunta a que el origen del problema estuvo mucho antes, durante la floración y el cuajado.

Las temperaturas superiores a 40°C durante el día no son extrañas en esta región. Lo que sí resultó especialmente problemático fueron las temperaturas nocturnas cercanas a 30°C mantenidas durante varios días consecutivos. Y lo más importante: ocurrieron durante la fase reproductiva del cultivo.

La floración es uno de los momentos más sensibles de todo el ciclo de la sandía. Es durante esos pocos días cuando se define gran parte de la calidad futura del fruto.

Con temperaturas extremas pueden aparecer varios problemas al mismo tiempo:

  • Menor viabilidad del polen.
  • Menor fecundación.
  • Desarrollo incompleto de semillas.
  • Mayor estrés oxidativo.
  • Menor disponibilidad de carbohidratos para flores y frutos.

Aunque el fruto llegue a cuajar y alcanzar tamaño comercial, muchas veces ya arrastra problemas internos que aparecerán semanas después. Las semillas hacen mucho más de lo que pensamos. Cuando se abre una sandía afectada suele observarse algo curioso: hay menos semillas de lo normal.

Cada semilla actúa como una pequeña fábrica hormonal que ayuda a coordinar el crecimiento de la pulpa que la rodea.

Cuando el calor afecta a la fecundación:
• Se desarrollan menos semillas.
• Disminuyen las señales hormonales dentro del fruto.
• El crecimiento se vuelve irregular.
• Aparecen cavidades internas.
• La acumulación de azúcar disminuye.

En muchos casos, el problema no es que la sandía no haya crecido. El problema es que no ha podido desarrollarse correctamente por dentro.

¿Por qué aparecen cavidades internas?

El conocido Hollow Heart no es una enfermedad. Es simplemente la consecuencia de un crecimiento irregular de la pulpa.

Cuando determinadas zonas del fruto reciben menos estímulo hormonal debido a una menor cantidad de semillas desarrolladas, algunos tejidos crecen más rápido que otros y terminan apareciendo huecos o cavidades.

En campañas normales estos casos suelen ser aislados. Pero cuando una ola de calor coincide con la floración, el problema puede extenderse a grandes superficies.

La pista que nos dejan los haces vasculares (ver fotos). Otro síntoma muy frecuente es la aparición de cordones amarillentos o blanquecinos dentro de la pulpa. Son los haces vasculares, los conductos que transportan agua, nutrientes y azúcares.

En una sandía bien desarrollada apenas se distinguen. Cuando el fruto ha sufrido estrés durante su formación, estos tejidos quedan mucho más visibles porque la pulpa no madura de forma uniforme y la acumulación de licopeno es menor.

Por eso suelen aparecer acompañados de falta de color, menor contenido de azúcar y peor textura.

El verdadero desafío: proteger la flor

Durante años la mayoría de los programas de nutrición se han centrado en el desarrollo del fruto. Sin embargo, las nuevas condiciones climáticas están obligando a cambiar el enfoque.

Cada vez resulta más evidente que la calidad final de una sandía empieza a decidirse durante la floración.

  • Si protegemos la flor, protegemos la fecundación.
  • Si protegemos la fecundación, protegemos el desarrollo de las semillas.
  • Y si protegemos las semillas, protegemos la calidad interna del fruto.

Una estrategia de protección reproductiva

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Fertimix B

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Ante escenarios de calor extremo, el objetivo ya no debe ser únicamente aumentar la producción.

El objetivo debe ser mantener activa la fisiología reproductiva de la planta durante los momentos más críticos.

Para ello es recomendable trabajar con programas que combinen:

  • Extractos de algas concentrados Ascophyllum nodosum, ALGAPOWER
  • Osmoprotectores: GLIBETINA con alto contenido en glicina betaina y prolina.
  • Aminoácidos específicos como TRIAMIN PLUS con alto contenido en acido glutámico, glicina y prolina
  • FERTIMIX-B y/o FERTIMIX-FLOWERS, con alto contenido en boro y molibdeno.
  • La combinación de soluciones como QUIICELUM dentro de una estrategia orientada a la floración y el cuajado puede ayudar a mantener la actividad fisiológica de la planta cuando las condiciones ambientales dejan de ser favorables.

Mirando al futuro

Las olas de calor extremo ya no son episodios aislados. Cada campaña aparecen con mayor frecuencia y afectan cada vez más a la calidad de los cultivos.

Por eso la pregunta ya no es si volverán a ocurrir.

La pregunta es si estaremos preparados para proteger el momento más importante del cultivo: la fase reproductiva.

Porque al final, la diferencia entre una sandía comercial y una sandía rechazada puede empezar a decidirse mucho antes de que el fruto sea visible en el campo.

Mi primera plantación de pistacho. Lo que nadie te cuenta el primer año.

El pistacho es el cultivo del futuro. Latte de pistacho, chocolate de Dubái, pistacho rolls… todos los tiktokers patrocinándolo, lo último en salud… estaba clarísimo: era un pelotazo. Además, en teoría, todo parecía bastante fácil.

Hasta que plantas.

Y pasan las semanas.

Y aquello no tira.

No crece como esperabas. Bueno, ni como esperabas ni como no: eso no crece. Incluso alguna planta se muere. Pero lo peor no es solo eso, sino que empiezas a hablar con gente y cada uno te dice algo distinto. A uno le fue genial haciendo una cosa, otro te recomienda justo lo contrario, y todos parecen tenerlo bastante claro. Menos tú.

Y ahí es donde empieza la parte que nadie te cuenta del primer año.

Todo estaba bien... o eso parecía

Al principio intentaba no preocuparme demasiado. Al fin y al cabo, me lo había mirado. Había leído, preguntado y entendido, más o menos, cómo funcionaba el cultivo. Así que me repetía lo típico: es normal, es el primer año, la planta necesita tiempo. Al final es un trasplante, tiene que adaptarse, desarrollar raíz… ya crecerá.

El problema es que una cosa es que crezca poco y otra muy distinta es esa sensación de que no termina de arrancar. De que algo no va bien, aunque no sepas exactamente qué. Y ahí fue cuando dejé de mirar solo la parte aérea y empecé a darle vueltas a todo lo demás.

Porque, claro, en mi cabeza todo tenía sentido. La finca no era nueva. Venía de almendro y había funcionado bien durante años, sin grandes problemas ni complicaciones. Así que di por hecho que el suelo era bueno.

Error.

Porque luego descubres que un suelo puede ser “bueno”, sí, pero solo para lo que había antes.

El almendro es bastante agradecido. Aguanta suelos más pesados, cierta compactación e incluso un drenaje algo justo sin que eso se traduzca necesariamente en un drama. El pistacho no. El pistacho necesita suelos más sueltos, buen drenaje y, sobre todo, que la raíz pueda moverse sin limitaciones.

No tenía un suelo malo. Simplemente no era un suelo para pistacho.

Y si la raíz no arranca, ya puedes quedarte mirando la parte aérea todo lo que quieras, que arriba tampoco va a pasar gran cosa.

Luego está el clima, que es otro tema. Nunca había sido el paraíso, pero yo pensaba: bueno, alguna helada tardía, inviernos un poco irregulares… nada gravísimo. Pues el pistacho, por lo visto, tenía otra opinión.

Y ahí empecé a entender algo bastante incómodo: a veces no hay un gran problema clarísimo que puedas señalar con el dedo. A veces lo que hay son varias pequeñas limitaciones, ninguna espectacular por separado, pero todas sumando en la misma dirección. Y esa dirección, por desgracia, no era precisamente hacia adelante.

Cuando empiezas a entender

Y entonces haces lo que hace cualquiera cuando ve que algo no arranca: empiezas a tocar cosas. Por desesperación, básicamente. Preguntas a uno, a otro, pruebas, ajustas el riego, cambias la nutrición, metes algún producto… cualquier cosa que haga que aquello arranque de una vez.

Pero llega un momento en el que entiendes que no va de hacer más. Va de entender mejor.

En mi caso, el cambio vino cuando dejé de intentar “activar” la planta y empecé a entender en qué fase estaba realmente. No era una fase de crecimiento. Era una fase de adaptación. Y eso cambia bastante la forma en la que manejas el cultivo.

Empecé por lo básico: ajustar mejor el riego, evitar excesos y no añadir más estrés a una planta que ya tenía suficiente. También dejé de mirar solo hacia arriba y empecé a mirar hacia abajo. A trabajar el suelo, no solo la parte aérea.

Ahí fue cuando empecé a introducir soluciones como CRIPTHUM o FERTTYBYO, no con la idea de empujar el cultivo a toda costa, sino de acompañarlo mejor en ese momento.

Porque al final, el suelo es la base.

Empecé a pensar más en construir un suelo más rico, más ligero y, sobre todo, vivo. En quitar limitaciones más que en forzar resultados. Y entendí que todo eso podía ayudar a la planta a gestionar mejor el estrés, a equilibrarse y a despegar cuando estuviese lista.

Y, sinceramente, cuando cambias el enfoque, también cambia bastante el estrés.

El mío, no el de la planta.

Y al final...

Al final te das cuenta de que el pistacho sí es el cultivo del futuro. No tanto por las expectativas de consumo, sino porque todo en él ocurre… en el futuro.

Todo lo de las redes, los lattes, los chocolates, los rolls, está muy bien. Pero entre plantar y llegar ahí hay una parte que no se ve. Una parte más lenta, más silenciosa y bastante menos glamourosa. Pero imprescindible.

El primer año no va de crecer.

Va de entender.

De equivocarte un poco, de agobiarte bastante y de empezar a mirar las cosas de otra manera. De dejar de pensar que todo se soluciona haciendo más y empezar a aceptar que muchas veces se trata de hacer mejor… o simplemente de saber esperar.

Y cuando lo aceptas, algo cambia.

No en la planta.

En ti.

P.D.: Os seguiré informando de cómo va mi plantación… y de si, efectivamente, consigo hacerme rica con ella.

La actividad de los microorganismos del suelo

La actividad de los microorganismos en el suelo es el motor de la fertilidad biológica, un proceso dinámico donde bacterias, hongos y otros organismos transforman el entorno para facilitar la vida vegetal. Esta actividad ocurre principalmente en la rizosfera, la zona de suelo que rodea directamente a las raíces y donde existe una comunicación constante entre la planta y los microbios.

Funciones clave de los microorganismos

Los microorganismos realizan tareas críticas que las plantas no pueden hacer por sí solas: 

  • Ciclaje de nutrientes: Descomponen la materia orgánica y residuos vegetales, liberando nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y azufre para que la planta pueda absorberlos.
  • Fijación de nitrógeno: Ciertas bacterias captan el nitrógeno de la atmósfera y lo entregan directamente a las raíces.
  • Mejora de la estructura del suelo: Favorecen la formación de agregados estables, lo que mejora la aireación y la retención de agua.
  • Neutralización de toxinas: Pueden degradar compuestos contaminantes o metales pesados en el suelo (biorremediación)

Cómo afectan directamente a las plantas

La interacción microbiana impacta la salud y el rendimiento de los cultivos de diversas formas: 

  • Estimulación del crecimiento: Muchos microorganismos producen fitohormonas que aceleran el desarrollo de las raíces y hacen que la planta sea más vigorosa.
  • Protección y biocontrol: Actúan como defensas naturales contra patógenos. Compiten por espacio y alimento o producen sustancias antimicrobianas que frenan enfermedades.
  • Simbiosis energética: Las plantas emiten exudados radiculares (azúcares y energía) para alimentar a los microbios; a cambio, estos les proporcionan agua y minerales difíciles de extraer, como el fósforo.
  • Respuesta al estrés: Ayudan a las plantas a superar periodos críticos de sequía o escasez de nutrientes. 

Cómo afectan directamente a las plantas

Aunque la mayoría son beneficiosos, algunos microorganismos pueden ser perjudiciales:

  • Infecciones: Hongos, bacterias y virus patógenos pueden atacar el sistema radicular, causando marchitez o podredumbre.
  • Robo de nutrientes: Algunos patógenos manipulan la biquimica de la planta para desviar nutrientes hacia el sitio de la infección, debilitanto el resto del organismo.

Productos para mejorar la estructura del suelo y nutrir nuestros cultivos

  • FERTTYBYO: Esta formulado con Azospirillum brasilense,  cuya cepa  ARV20 ha sido cuidadosamente seleccionada por su notable capacidad como biofertilizante y bioestimulante. Azospirillum brasilense se establece en la zona rizosférica de las plantas, estableciendo una vida en simbiosis en la que planta y microorganismo comparten beneficios. Posee rutas bioquímicas que por una parte regeneran y solubilizan nutrientes del suelo, y por otra sintetizan fitohormonas naturales que estimulan y refuerzan la inmunidad de las plantas. Su aplicación al suelo de forma continuada provoca un incremento de desarrollo vegetativo de la planta, favoreciendo las interacciones beneficiosas en el entorno rizosférico y el desarrollo radicular de los cultivos.
  • MYCROTTRON: contiene Pseudomona putida de una cepa exclusiva FOP23, que lo que hace es colonizar la raíz de la planta donde establece una relación de mutualismo en la que la bacteria se beneficia de nutrientes de la planta e induce al crecimiento general de la planta además de evitar su colonización por patógenos.  Además, codifica al menos cinco fosfatasas implicadas en la solubilización del fosforo. Pseudomona putida muestra una alta tolerancia al estrés ambiental gracias a un sofisticado sistema de control de proteínas que incluye la secreción y el tráfico de péptidos, la modificación y reparación de proteínas, así como el plegamiento, la estabilización y la degradación de las proteínas, péptidos y glucopéptidos

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La conversación que no tenemos con la planta

Gran parte de nuestras decisiones agronómicas empiezan con una pregunta. Cuando una planta no crece como esperamos, cuando el desarrollo se frena o el cultivo no responde como imaginábamos, tendemos a buscar rápidamente qué puede estar faltando.

Con los años uno empieza a darse cuenta de que esa forma de pensar condiciona mucho la manera en la que observamos las plantas. Muchas veces nos hacemos preguntas, pero no siempre son las correctas.

Intentamos interpretar síntomas, corregir carencias o estimular respuestas. Pero rara vez nos detenemos a pensar en algo más básico: ¿alguna vez le hemos preguntado realmente a la planta qué está ocurriendo?

Lo que la planta responde

Sí, ya lo sé. Las plantas no hablan. Pero eso no significa que no respondan.

Las plantas están reaccionando constantemente a lo que ocurre a su alrededor: cambios en el suelo, estrés ambiental, daños en las raíces o variaciones en la disponibilidad de nutrientes. Lo hacen a través de su fisiología, modificando su crecimiento, redistribuyendo recursos o activando mecanismos de defensa. El problema es que esas respuestas no siempre son fáciles de interpretar.

Muchas veces lo que observamos hoy en la parte aérea tiene su origen en algo que sucedió semanas o incluso meses antes. Una limitación en el desarrollo radicular, un episodio de estrés hídrico o un desequilibrio nutricional pueden dejar una “huella fisiológica” que la planta sigue gestionando tiempo después.

Aprender a escuchar

Muchas veces llegamos tarde, para evitarlo lo primero es la observación, pero una observación más amplia que la simple búsqueda de síntomas evidentes. No se trata solo de mirar hojas o coloraciones, sino de entender el contexto en el que está creciendo el cultivo.

Muchas veces la clave no está en lo que vemos hoy, sino en lo que ocurrió días o semanas antes. Un periodo de exceso de humedad, un estrés hídrico puntual o una limitación en la raíz pueden desencadenar ajustes fisiológicos que condicionan el comportamiento de la planta mucho después.

Por eso interpretar una planta no consiste únicamente en reaccionar ante un síntoma, sino en reconstruir su historia reciente. Cuanto mejor entendamos lo que ha vivido el cultivo, más cerca estaremos de interpretar correctamente las señales que vemos.

No siempre podremos adelantarnos a todos los problemas, pero sí podemos mejorar la forma en la que escuchamos a la planta. Y muchas veces eso empieza por observar antes de intervenir.

La planta no busca producir, busca sobrevivir

Cuando observamos un cultivo solemos hacerlo desde nuestra propia lógica: esperamos crecimiento, desarrollo y producción. Si la planta no avanza en esa dirección, tendemos a interpretarlo como un problema que hay que corregir.

Sin embargo, la planta piensa diferente. Su prioridad no es producir, sino sobrevivir.

Para una planta, crecer, formar frutos o aumentar biomasa solo es posible cuando las condiciones internas y externas lo permiten. Antes de crecer, necesita defenderse, reparar tejidos o restablecer su equilibrio interno.

Estos procesos consumen energía y recursos. Cuando la planta los activa, parte de lo que podría destinarse a crecimiento se redirige hacia mantener su funcionamiento y protegerse frente a condiciones adversas.

Desde fuera, lo que vemos es simplemente un cultivo que parece haberse detenido. Pero desde dentro, la planta sigue trabajando: ajustando su metabolismo, reorganizando sus recursos y tratando de mantenerse funcional.

Conclusiones

Las plantas no hablan en palabras, pero sí responden constantemente a lo que ocurre a su alrededor. El reto es que sepamos interpretar lo que está ocurriendo.

Muchas veces observamos los síntomas demasiado tarde o partimos de preguntas que ya condicionan la respuesta. Buscamos carencias cuando quizá la planta está priorizando defensa, reparación o simplemente tratando de recuperar su equilibrio.

Entender un cultivo no consiste solo en intervenir, sino en aprender a observar mejor. Mirar más allá del síntoma inmediato, entender la historia reciente de la planta y aceptar que su lógica no siempre coincide con nuestras expectativas de producción.

Quizá la conversación con la planta siempre ha estado ahí. Lo que todavía estamos aprendiendo es a escucharla.

Agricultura sostenible: El compromiso de Arvensis con la economía circular

La agricultura sostenible es el modelo que permite producir de forma rentable reduciendo el impacto ambiental y optimizando el uso de los recursos naturales. En Arvensis integramos la sostenibilidad agrícola en nuestra estrategia empresarial, apostando por la innovación, la eficiencia y la economía circular.

Nuestro objetivo es claro: desarrollar soluciones agrícolas que mejoren la productividad respetando el suelo, el agua y el entorno.

Este enfoque nos permite contribuir activamente a un modelo agrícola más responsable, eficiente y competitivo. Creemos firmemente que la economía circular y la agricultura sostenible son el camino para garantizar el futuro del sector y generar un impacto positivo tanto en el medio ambiente como en la productividad agrícola.

Economía circular aplicada a la agricultura sostenible

Uno de los pilares de nuestra estrategia de agricultura sostenible es la valorización de subproductos agroindustriales:

Incorporación de subproductos oleícolas (alperujo)

En regiones con una importante actividad oleícola, como Aragón, también están surgiendo iniciativas orientadas al aprovechamiento de subproductos del olivar, como el alperujo.

En este contexto, Arvensis ha participado en el proyecto CIRCOLEO, una iniciativa centrada en explorar nuevas vías para la valorización de subproductos procedentes del sector oleícola y su posible aplicación en soluciones innovadoras para el ámbito agrícola.

Este tipo de proyectos contribuyen a:

  • Incrementar la circularidad en los procesos productivos.
    • Reducir residuos agroindustriales.
    • Impulsar la economía circular en el sector agrícola.
    • Desarrollar indicadores que permitan medir el avance hacia modelos productivos más sostenibles.

Innovación y gestión ambiental en agricultura sostenible

La agricultura sostenible requiere innovación continua. Por ello, desarrollamos fertilizantes y bioestimulantes que mejoran la eficiencia en la absorción de nutrientes y reducen pérdidas al medioambiente.

Además, nuestro Sistema de Gestión Ambiental basado en la norma ISO 14001 garantiza:

  • Control de impactos ambientales.
  • Mejora continua.
  • Seguimiento periódico de objetivos de sostenibilidad.

Agricultura sostenible con impacto real

En Arvensis estamos plenamente comprometidos con la economía circular y la agricultura sostenible, integrando estos principios en nuestra forma de desarrollar y producir soluciones para el sector agrícola.

Entendemos que la sostenibilidad no es solo una declaración de principios, sino una estrategia basada en datos, objetivos medibles y mejora continua. Por ello trabajamos para transformar residuos en recursos, reducir el uso de materias primas vírgenes y mejorar la eficiencia de los procesos productivos.

Este enfoque nos permite contribuir activamente a un modelo agrícola más responsable, eficiente y competitivo. Creemos firmemente que la economía circular y la agricultura sostenible son el camino para garantizar el futuro del sector y generar un impacto positivo real en el medio ambiente y en la productividad agrícola.